Fideos sin salsa, milanesa de una sola marca, galletitas de un solo color. Si tu hijo o hija come solo un puñado de comidas y cada plato nuevo termina en llanto o en la mesa vacía, sabés lo angustiante que puede ser. Lo primero: no es un capricho ni una falla tuya como madre o padre. La alimentación selectiva es muy frecuente en el autismo, tiene explicación y se puede acompañar.
¿Qué es la alimentación selectiva?
Es cuando un chico acepta una lista muy corta de alimentos y rechaza con fuerza todo lo demás. No es lo mismo que ser «mañoso» con la comida, algo que muchos chicos atraviesan en alguna etapa: en el autismo suele ser más intensa, durar más tiempo y generar mucha ansiedad.
¿Por qué pasa?
Comer es una de las experiencias sensoriales más complejas: en un solo bocado intervienen el gusto, el olfato, la vista, el tacto en la boca, el sonido al masticar y las señales internas de hambre. Por eso las causas suelen combinarse:
Lo mezclado, lo grumoso o lo crujiente puede resultar insoportable. Muchos prefieren lo liso y parejo.
Un olor fuerte puede hacer que rechace un plato antes de probarlo.
El color, la forma o que los alimentos se toquen en el plato importan mucho.
La misma marca, el mismo envase, el mismo plato. Un cambio mínimo puede alcanzar para el rechazo.
A algunos chicos les cuesta registrar cuándo tienen hambre o cuándo están satisfechos.
Arcadas, atragantarse o peleas en la mesa dejan miedo y aumentan el rechazo.
También puede haber causas médicas que conviene descartar: reflujo, constipación, dolor o dificultades para masticar y tragar.
Lo primero: bajar la presión
Puede sonar al revés, pero es lo que más ayuda. Cuanto más se insiste, más ansiedad se genera y más fuerte se vuelve el rechazo. El objetivo no es que «hoy coma el brócoli», sino que la comida deje de ser una fuente de miedo.
❌ Obligarlo a comer o a «probar aunque sea un bocado».
❌ Esconder alimentos en su comida favorita: si lo descubre, puede empezar a rechazar también esa.
❌ Usar el postre como premio o sacar la comida como castigo.
❌ Convertir la mesa en una pelea o un momento de retos.
❌ Sacar de golpe sus «comidas seguras».
Cómo ampliar su menú, paso a paso
La escalera para aceptar un alimento nuevo
Probar es el último escalón, no el primero. Cada paso es un logro en sí mismo, y se puede quedar en cada uno el tiempo que necesite:
que esté en la mesa
el alimento de cerca
con la mano o el tenedor
a los labios
Una mesa tranquila y predecible
- Horarios fijos: tres comidas y dos colaciones más o menos a la misma hora. Entre comidas, solo agua: así llega con hambre a la mesa.
- Mismo lugar y mismos elementos: su plato, su vaso, su silla. Lo conocido da seguridad.
- Sin pantallas en la mesa, y un ambiente con poco ruido.
- Anticipá qué hay para comer con una imagen o un apoyo visual, sobre todo si hay algo nuevo.
- Comé con él y mostrale, sin insistir, que vos también comés ese alimento.
- Sumalo a la cocina: ir juntos a comprar, lavar las verduras o ayudar a mezclar son formas de conocer los alimentos sin la presión de tener que comerlos.
Anotar ayuda mucho
Llevá un cuaderno simple durante unas semanas: qué comió, cuánto, qué rechazó y cómo fue su tránsito intestinal. Te va a servir para ver los avances (que a veces no se notan día a día) y para llevarlo a la consulta.
¿Cuándo consultar?
Hablá con su pediatra si notás alguna de estas señales:
⚠️ Come muy pocos alimentos o su lista se achica cada vez más.
⚠️ Rechaza grupos enteros de alimentos: todas las frutas y verduras, o todas las carnes.
⚠️ No aumenta de peso, baja de peso o no crece como se espera.
⚠️ Tiene arcadas, vómitos, atragantamientos o le cuesta masticar y tragar.
⚠️ Tiene constipación frecuente o dolor de panza.
⚠️ Las comidas generan mucha angustia o están afectando la vida familiar.
El pediatra puede descartar causas médicas y, si hace falta, derivarte al equipo adecuado. En la alimentación suelen trabajar juntos:
- Terapista ocupacional (con formación en integración sensorial): trabaja cómo tolera las texturas, olores y sabores.
- Fonoaudiólogo/a: evalúa la masticación y la deglución.
- Nutricionista: cuida que no falten nutrientes y propone cómo ampliar la dieta de forma segura.
- Gastroenterólogo/a infantil: si hay reflujo, constipación o dolor.
No agregues vitaminas ni suplementos ni cambies su dieta (por ejemplo, sacar grupos de alimentos) sin indicación profesional.
Para terminar: paciencia y pequeños pasos
Ampliar la alimentación lleva tiempo, a veces meses. Habrá semanas de avances y semanas de retroceso, y eso es normal. Cada alimento que tolera en la mesa, cada vez que toca algo nuevo, es un paso real. Y recordá que la meta no es solo que coma más cosas, sino que el momento de comer vuelva a ser tranquilo para todos.
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Importante: esta nota es informativa y no reemplaza la consulta con profesionales de la salud. Ante dudas sobre la alimentación, el peso o el crecimiento de tu hijo, consultá con su pediatra.
Fuentes consultadas: Fundación ConecTEA · SOM360 TEA · Marcus Autism Center · Child Mind Institute · SPARK for Autism.
